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Evangelio de hoy

“Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”
Gálatas 1, 13-24 y Lucas 10, 38-42

Reflexión

Es necesaria la humildad tanto para acoger como para ser acogido. Requiere delicadeza, atención, apertura. En el Evangelio, Marta corre el riesgo de no entrar plenamente en la alegría de este intercambio. Está tan concentrada en lo que tiene que hacer para acoger a Jesús, que corre el riesgo de arruinar un momento de encuentro inolvidable. Marta es una persona generosa, pero Dios la llama a algo aún más hermoso que la propia generosidad. La llama a salir de sí misma. Queridos hermanos y hermanas, sólo esto hace florecer nuestra vida: abrirnos a algo que nos aparte de nosotros mismos y al mismo tiempo nos plenificque. Mientras que Marta se queja de que su hermana la ha dejado sola para servir (cf. v. 40), pareciera que María ha perdido el sentido del tiempo, conquistada por la palabra de Jesús. No es que sea menos concreta que su hermana, ni menos generosa, sino que ha aprovechado la oportunidad. Por eso Jesús reprende a Marta: porque se ha quedado fuera de una intimidad que también a ella le daría una gran alegría (cf. vv. 41-42). (…) A veces no nos permitimos los mejores momentos. Necesitamos gozar de tener un poco de descanso, con el deseo de aprender más sobre el arte de la hospitalidad. (…) En efecto, todo encuentro verdadero no se puede comprar, es gratuito: sea el que se tiene con Dios, como el que se tiene con los demás, o incluso con la naturaleza. Se necesita solamente hacerse huésped: hacer espacio y también pedirlo; acoger y dejarse acoger. Tenemos mucho que recibir y no sólo que dar. Abraham y Sara, aunque eran ancianos, se encontraron fecundos cuando acogieron discretamente al Señor mismo en tres viajeros. También para nosotros, aún hay tanta vida por acoger. (León XIV - ángelus, 20 de julio de 2025)

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